La Carta del Cielo — Luna Llena en Tauro
Luna Llena en Tauro · 26 de octubre → Luna Nueva en Escorpio · 9 de noviembre
Esta quincena pide una mirada clara a lo que se retiene, y soltar lo que ya cumplió su ciclo antes de buscar algo nuevo. La Luna Llena en Tauro, el 26 de octubre, hace cuadratura con Plutón en Acuario, y en pocas horas la cuadratura del Sol a Plutón se vuelve exacta. La Luna en Tauro quiere conservar lo que tiene, con cierta posesividad; Plutón presiona por un cambio de raíz. La Luna Llena es el punto en que el trabajo de un ciclo se vuelve nítido o muestra dónde falló. Aquí lo que se vuelve nítido es el apego: qué lazos aún sirven y cuáles se han endurecido.
En los primeros días, Plutón es el ápice de dos cuadraturas en T, con el Sol y Quirón y con Venus y Quirón. La tensión entre una herida antigua y el deseo de ser plenamente quien se es choca de frente con la exigencia de Plutón de que algo termine. Si se deja correr, esa fuerza hace que los acontecimientos parezcan escapar de las propias manos; dirigida a algo concreto que necesita cambiar, se vuelve aprovechable. Una lucha de poder es una señal para examinar la voluntad de control, incluida la propia. Urano en trígono y Neptuno en sextil le dan a Plutón cauces más fáciles, a través de nuevas ideas e ideales.
Venus, retrógrado en Libra toda la quincena, rige tanto la Luna Nueva en Libra que abrió este ciclo como esta Luna Llena en Tauro. Hace oposición a Quirón, exacta el 28 de octubre, y trígono al Nodo Norte, exacto el 30 de octubre. Venus retrógrado trae de vuelta personas y cuestiones del pasado para una nueva mirada; en oposición a Quirón, lo que vuelve puede traer una herida antigua, sentida a través de otra persona. Astrocábala lee el Nodo como lo que aún está pendiente: la revisión se convierte en una oportunidad de volver a lo que se rompió, pidiendo aceptar lo ocurrido tanto como repararlo.
Mercurio está retrógrado en Escorpio todo el tiempo y hace cuadratura con Marte en Leo, exacta el 30 de octubre. Si una discusión se enciende por quién quiso decir qué, comprobar lo que se dijo cuesta menos que defender una postura, y los acuerdos que se hagan ahora merecen una segunda lectura. El Sol se encuentra con Mercurio el 4 de noviembre, y a partir de ahí los asuntos enredados tienden a empezar a aclararse.
Alrededor del 28 de octubre, el Sol y Lilith (Luna Negra) en Capricornio forman un yod con Urano en Géminis. Lilith señala un deseo o un pesar que necesita atención, y Urano responde con inquietud y el impulso de romper un patrón. Si los nervios están a flor de piel sin una razón clara, esa es la señal: los pequeños ajustes hechos a tiempo sirven más que una ruptura repentina después, y los planes flexibles más que los rígidos.
La segunda semana se vuelve más cálida. Marte se acerca a Júpiter en Leo desde el 31 de octubre, y Venus hace sextil a Júpiter, exacto el 4 de noviembre. Venus, Quirón, Júpiter y el Nodo sostienen un rectángulo místico, que da a las heridas antiguas un lugar generoso adonde ir. Lo que Júpiter trae está hecho para compartirse; con Marte a su lado en Leo, también puede inflarse hasta el exceso de confianza y promesas demasiado grandes para cumplirse.
El Cuarto Menguante, el 1 de noviembre, es una crisis en la conciencia: un momento para decidir qué significó el ciclo, con la dureza implacable como su otra cara. La fase balsámica, desde el 5 de noviembre, convierte el fruto del ciclo en semilla, y todo lo que se suelte entonces despeja el terreno para la Luna Nueva en Escorpio del 9 de noviembre.
Las personas con posiciones en los primeros grados de Tauro, Escorpio y Acuario, o cerca del quinto grado de Géminis y Capricornio, sienten esta quincena con más fuerza.
